BUENAS TARDES………….
Quiero agradecer tanto la presencia de la directora de la Alianza Francesa –Soledad Guilarte- como la del excelentísimo señor Alcalde, en unos días tan cargados de obligaciones institucionales, por acudir a la presentación de un nuevo libro sobre Valladolid.
Gracias, también, al equipo de publicaciones del Ayuntamiento de Valladolid, dirigido por Paz Altés, por el trabajo que han tenido que desarrollar para poder editar el libro que hoy presento.
Gracias a los profesores y alumnos de colegios e Institutos de Valladolid, presentes en este acto.
Gracias a los compañeros de la Asociación Cultural Pro-Cañizal que se han desplazado hasta aquí.
Gracias, en fin, a todos los familiares y amigos que me acompañáis en este momento y que habéis respondido generosamente a la invitación del alcalde con vuestra presencia.
Con el libro “Valladolid: la huella francesa. Rutas para el diálogo” que hoy presento ante todos vosotros y que se edita en español y en francés, he pretendido dar a conocer la riqueza histórica, artística y humana que atesora Valladolid, teniendo como referente, en esta ocasión, la influencia francesa en la ciudad. A través de un texto dialogado entre una mujer vallisoletana y una joven francesa - que se encuentra en nuestra ciudad en Programa de Intercambio Estudiantil - ofrezco un nuevo paseo por Valladolid mediante doce rutas o itinerarios , con la intención de que el lector se sumerja en la herencia francesa de nuestra ciudad.
Libro, por lo tanto, de carácter divulgativo dirigido a un público amplio, aunque de una manera especial a vallisoletanos interesados en contemplar su ciudad desde una nueva perspectiva o con otra mirada y a franceses que bien como turistas, o como empresarios, o como trabajadores, o como alumnos en programas de intercambio, o como universitarios, se acerquen a nuestra ciudad y se interesen por su historia. El hermanamiento de Valladolid con la ciudad francesa de Lille - de donde procede la protagonista del libro - es otro de los motivos que justifican el presente trabajo que pretende, también, potenciar las relaciones entre ambas ciudades. En cualquier caso esta publicación se propone ayudar a conseguir los siguientes objetivos:
- Favorecer el conocimiento de los monumentos, el arte y la cultura de Valladolid.
- Dar a conocer la influencia francesa en la capital de Castilla y León.
- Servir como Guía Turística a los franceses de vacaciones o de paso por Valladolid.
- Dar a los alumnos de los Liceos franceses, en viaje de intercambio con los Institutos y Colegios vallisoletanos, una guía práctica para pasear y conocer nuestra ciudad.
- Servir de material de apoyo a los Colegios y a las familias -vallisoletanas y francesas- que se acogen a los programas de intercambio de estudiantes.
- Profundizar en el hermanamiento de Valladolid con Lille.
Y, por último, potenciar la Europa de los ciudadanos a través del conocimiento de las relaciones históricas que han mantenido las diversas naciones que la componen.
Objetivos que alguien contemplará como excesivamente genéricos o demasiado ambiciosos pero a los que todos, aportando cada cual su pequeño grano de arena, debemos ayudar a conseguir.
Valladolid, la huella francesa, como su título indica, sorprende por la constatación del enorme peso que Francia y lo francés tuvo y tiene en Valladolid.
Si se me permite la expresión a nada que se rasque en la piel de nuestra ciudad aparece lo francés.
Desde el propio origen de su nombre, que algunos defienden ser de ascendencia gala , hasta la vigencia del sello industrial francés Renault que tanto ha contribuido y contribuye al desarrollo de Valladolid, pasando por toda una influencia artística y arquitectónica mucho más amplia y profunda de lo que a primera vista pudiera pensarse,…. lo francés se halla presente en la ciudad.
Sin ir más lejos, el espacio del Campo Grande en el que nos hallamos podría servir perfectamente como ejemplo de esta influencia: ¿Qué piensan si les digo que la primera pareja de Cisnes que adornaron sus estanques fue donada por el vicecónsul francés don Luis de Bovilac? ¿O que el más afamado de los generales franceses –Napoleón Bonaparte- pasó revista a sus tropas en el mes de enero de 1809 en estos espacios del Campo Grande, entonces llamado Campo de Marte? ¿ O que una de las vistas más hermosa de Valladolid fue realizada, desde un globo aerostático sobrevolando el Campo Grande, por el litógrafo francés Alfred Guedson? ¿O que para traer las estalactitas que adornan la cueva y cascada artificiales que se halla cerca del estanque -y que se trajeron desde la sierra de Atapuerca en Burgos- se comisionó allá por 1880, a un francés?
Y como éste se podrían poner muchos ejemplos.
Si las ciudades, como he defendido en alguna presentación anterior, son libros que se leen mediante el paseo y la contemplación serena de su arquitectura, sus calles y sus gentes, Valladolid: la Huella Francesa, contribuirá de seguro a esa lectura mediante el itinerario que traza a través de doce rutas.
El libro que presento surgió al encontrar un día en Internet la carta de agradecimiento que una alumna francesa del Liceo Montebello de Lille remitía al Instituto Pinar de la Rubia de Valladolid por el trato recibido, en la corta estancia en la ciudad, hacia ella y sus compañeros de curso.
Aquella carta me sorprendió por el escaso tiempo que los alumnos franceses habían dedicado a contemplar nuestra ciudad si se comparaba con el dedicado a otras ciudades del entorno.
Parecía como si Valladolid hubiera sido solamente un lugar de encuentro personal con profesores y alumnos del Instituto Pinar de la Rubia - de los que la alumna se sentía muy agradecida - , sin atender apenas a la contemplación artística de la ciudad, tan rica y variada por lo demás.
Había que hacer algo, me dije, para que aquellos alumnos y otros que nos visitaran, se interesaran más por la ciudad que baña el Pisuerga y que es, entre otras cosas, y como todos sabemos, una CIUDAD DE MUSEOS.
Y así surgió el libro que hoy les presento y del que espero tenga tan buena acogida como otros trabajos en los que me comprometí y en especial del libro -también editado por el Ayuntamiento de Valladolid - Valladolid con ojos distintos.
Ojalá que Valladolid: la huella francesa contribuya a una mayor identificación de los vallisoletanos con nuestra ciudad, seamos de donde seamos y vengamos de donde vengamos.
Eso es lo que pretende el libro que les presento, desde su humilde planteamiento.
Nuestra ciudad que es vista desde el exterior como una urbe cosmopolita y moderna necesita del reconocimiento y apoyo de sus propios vecinos para que nuestro entusiasmo se contagie a todos aquellos que nos visitan.
Y todo sin tener que inventarnos nada pues Valladolid atesora una riqueza histórica, artística y humana que debe enorgullecernos y que estamos obligados a dar a conocer a cuantos nos visitan.
Muchas Gracias